• Ariel A. Berretta

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CAZAR EN VERANO


Estas viendo la televisión, con el clima en lo más frío, la mano fresca por sostener esa lata de refresco (¿?), los pies sobre una silla y desparramado en el sofá.

¿A quién chingaos se le puede pasar la idea de arrancar para el monte y deshacer ese cuadro perfecto? Sí, a mí. Y fíjate que fuera de los exóticos en ranchos de lujo, hay una cacería que podemos, es más, que debemos hacer.

Marrano alzado, sí señor. En primera instancia es oficialmente una plaga. Eso nos da 365 días de caza legal; es una especie dañina e inteligente que, después que nos toma la medida, suele ser muy escurridizo.

Tiene otra ventaja destruir una plaga, que los métodos no son controlados. Así que puedes hacer realidad todas las ilegalidades que danzan en tu mente. Trampas, fanal, perros y lo que se acumule. Es un animal muy inteligente y astuto; a la primera bala que le llene un ojo de tierra, aprende la lección. Deja de verse de día. Se hace totalmente nocturno gracias a un olfato poderoso. Aquí, muy en contra de nuestras creencias ético-deportivas, nos obliga a hacer uso de ese artículo ya en desuso (si como no) llamado fanal, faro, foco.

Puedes pasar el día fabricando aluminio, tirado en el clima, hablando del vuelo de la Monarca y, oscureciendo, agarras para el espiadero elegido. En la llanta cortada u otro recipiente fuerte vacías el cebo; maíz que pusiste 24 horas en agua con una caguama, alimento de caballo, frutas del mercado, hay tanta cosa que les gusta que eso no ofrece mayor dificultad.

Una noche de luna llena te permite tirar a cien metros sin luz artificial. Y de noche no te chamusca el sol. Si eres más sofisticado, tienes un rifle con mira láser lo que facilita la tarea. Si usas fanal, recuerda que al encenderlo la estampida será instantánea. Un mayate que te acompañe puede facilitarlo todo.

¿Aún no se te antoja ir a control de marrano? Deja ver si te motivo, ese animal mata y devora más venaditos que todos los demás depredadores juntos. Si no hay marrano en tu rancho salta hasta donde dice fin. Pero si los tienes, este es el momento del supremo sacrificio, deja tu cómoda casa y organiza una partida nocturna de control de plagas.

Un consejo con triple beneficio: deja el animal tirado donde estaba o mételo al monte unos diez metros de la brecha. Primera ventaja, no lo cargas ni destazas; segunda, según las autoridades la carne ofrece riesgos a la salud y tercera: si dejas esa carne tirada, será alimento de depredadores que no necesitarán cazar cervatos para comer.

Es tú decisión, o te quedas el fin a trapear y recoger o tomas tu hielera, un arma y un compañero fiel y te lanzas al noble arte de marranear.

Ariel A Berretta

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